¿Quién es Marcelo Hallo?



MARCELO HALLO: DEL ACTIVISMO CIUDADANO A LA DISPUTA POR EL PODER

Un recorrido por las dos décadas de trayectoria pública, controversias y posicionamiento de una de las figuras más confrontacionales del escenario político ecuatoriano.



Octubre de 2019. Quito vivía uno de los momentos más convulsos de su historia reciente: calles bloqueadas, edificios públicos incendiados y enfrentamientos que paralizaban la capital.

En medio de ese escenario, Marcelo Hallo asumió una postura pública en defensa del orden en la ciudad y lanzó una frase que lo colocaría en el centro del conflicto:

“¡Esto no es protesta social, es terrorismo disfrazado!”.

En un entorno político marcado por el desgaste de los actores tradicionales, algunos nombres comienzan a sonar como nuevas figuras. El de Marcelo Hallo es uno de esos nombres.

Orígenes y formación

Marcelo Hallo nació en Quito el 3 de abril de 1979. Proviene de una familia quiteña con raíces que se remontan a los procesos independentistas. Es hijo de un respetado médico neurólogo y una reconocida mujer de empresas. Creció en un entorno familiar tradicionalista.

La vocación cultural de la familia también se reflejó en la creación de Fundación Hallo, un proyecto orientado a la preservación y promoción del patrimonio y la cultura.

Estudió en el Colegio Benalcázar y en la Facultad de Derecho de la Universidad SEK. Durante su etapa universitaria fue vicepresidente de la Federación de Estudiantes y cofundador de los Consultorios Jurídicos Gratuitos, una de las primeras redes de asesoría y patrocinio legal para personas de escasos recursos.

Participación ciudadana y primeros pasos en la política

Su incursión en la política comenzó como secretario general de la Asamblea Permanente de la Juventud y miembro de la Red de Jóvenes Políticos de la OEA.

En 2005 emergió como figura nacional al convertirse en una de las caras visibles en la “Revuelta de los Forajidos”, levantamiento ciudadano que terminó con la caída del presidente Lucio Gutiérrez y marcó un hito en la política ecuatoriana.

Hallo fue uno de los dirigentes del Movimiento Alianza Democrática Nacional, agrupación que tuvo participación activa en el proceso político que derivó en el derrocamiento del gobierno y la posterior asunción del vicepresidente Alfredo Palacio.


Ya durante el nuevo gobierno, fue nombrado Intendente General de Policía, con rango de Gobernador en Pichincha. Al frente del Ejecutivo provincial lideró operativos contra bandas criminales y redes de contrabando, acciones que lo convirtieron en blanco de dos atentados.


Posteriormente se postuló para consejero del Consejo de Participación Ciudadana y Control Social, el naciente quinto poder del Estado, obteniendo la segunda puntuación más alta a nivel nacional en el proceso de selección.


Más tarde fue nombrado Director Nacional de Control y Transparencia de Gestión de la DIGERCIC, desde donde impulsó acciones anticorrupción en instituciones públicas.

Estos cargos configuraron su perfil político que lo colocó en el mapa para lanzar su candidatura a concejal de Quito, encabezando la Lista del Partido AVANZA en 2014.


Posteriormente asumió el rol de Coordinador Nacional de Gobiernos Autónomos Descentralizados de la entonces segunda fuerza política del país. Desde esa posición, trabajó en el relacionamiento entre autoridades seccionales y el Gobierno central, así como en la articulación de agendas territoriales con visión nacional.

Más adelante asumió la Coordinación Política de la Coalición Nacional de Organizaciones Sociales del Ecuador, un espacio de articulación entre sectores de la sociedad con instituciones del Estado y la Presidencia de la República.

Después, como vocero del Comité de Usuarios de la Superintendencia de Control del Poder de Mercado, promovió controles y sanciones relacionados a la libre competencia y la protección del consumidor.

2019: El punto de inflexión

El año 2019 marcaría un antes y un después en la trayectoria política de Marcelo Hallo. Su candidatura a la Prefectura de Pichincha y los acontecimientos que siguieron, lo colocarían en el centro del debate público.

Ese año se postuló para prefecto de Pichincha por el movimiento político del hermano del entonces presidente Lenín Moreno. Su campaña planteó convertir a la provincia en referente productivo, con énfasis en seguridad, equidad y desarrollo económico, especialmente a través del turismo.


Durante la campaña, fue uno de los favoritos en medios, y aunque no obtuvo la victoria, su candidatura amplió su nivel de conocimiento.


Pero pocos meses después su nombre volvería a ocupar titulares.

Octubre Negro

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En octubre de ese mismo año, tras el cierre de su campaña, asumió un papel protagónico al enjuiciar al alcalde de Quito y a los dirigentes indígenas Leonidas Iza y Jaime Vargas, líderes de la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador (CONAIE), por los hechos de violencia que convulsionaron la capital durante las protestas contra las medidas económicas del gobierno de Lenín Moreno.


Hallo denunció la quema de edificios públicos, bloqueos de vías y agresiones a la propiedad privada como una amenaza al orden y la seguridad de la ciudad. El proceso tuvo amplia cobertura mediática y lo situó en el centro del debate sobre esos acontecimientos.


Pero, pese al respaldo que encontró en distintos sectores, esta acción también lo convirtió en blanco de amenazas de muerte y campañas de desprestigio digital que circularon en redes sociales, que se atribuyeron a sectores radicales vinculados a las protestas.

La situación llegó a tal punto que lo obligó a reforzar su seguridad personal y la de sus hijos, así como a limitar temporalmente sus apariciones públicas. Sin embargo, lejos de retroceder, Hallo intensificó su discurso, se parapetó en la defensa del orden democrático y fundó el movimiento político Quito Unido, una plataforma política con enfoque fiscalizador.

En entrevista con Teleamazonas reafirmó su postura:

“No me intimidarán quienes buscan el caos; ¡Quito merece paz y orden!”.

A pesar de los procesos legales iniciados por Hallo y del debate público que generaron, meses después la Asamblea Nacional, dominada por una mayoría correísta, aprobó la amnistía para los dirigentes indígenas y otros actores vinculados a las protestas de octubre de 2019, archivándose todos los juicios, lo que describió como “un acto más de la impunidad institucionalizada en el Legislativo”.

Este episodio reforzó su perfil como un actor político confrontacional, pero también generó críticas de sectores que consideraron que su postura profundizó la polarización del conflicto.

El pulso por el poder en Quito



En 2021, el poder en Quito entró en disputa. Marcelo Hallo lideró el proceso ciudadano de Revocatoria de Mandato contra el Alcalde de Quito, Jorge Yunda, y paralelamente, a pedido de algunos concejales, activó el mecanismo administrativo de Remoción ante el Concejo Metropolitano.

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La disputa por el control del Municipio 

Hallo reportó ataques y denunció lo que denominó el “Pacto de la Troncha”, asegurando que el proceso de remoción estaba “arreglado desde el inicio”. Según él, existía un acuerdo entre el alcalde, la bancada de la Revolución Ciudadana y algunos concejales independientes para salvar a Yunda a cambio de cuotas de poder y beneficios económicos.

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La jugada política

El episodio tomó un giro inesperado en los días previos a la audiencia.

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Según relató Hallo, algunos de los concejales opositores a Yunda que le habían exhortado a plantear la remoción, ya no estarían dispuestos a respaldarlo, no porque se opusieran a la salida del alcalde, sino porque se negaban a que el movimiento político que él impulsaba, Quito Unido, pudiera incidir en la designación de nuevas autoridades de control dentro de la administración municipal.

En ese contexto apareció una segunda denuncia presentada por una agrupación creada pocas horas antes. El documento -según sostuvo Hallo- era prácticamente una copia de su denuncia, pero sin los condicionamientos de supervisión ciudadana que exigía Quito Unido a la administración subrogante.

La maniobra les permitía a los ediles remover al alcalde sin ceder el control del Municipio y sin aceptar que secretarios, gerentes de empresas públicas y otras autoridades se designaran por concurso público como Hallo exigía. Para él, eso evidenciaba “los intereses de los concejales con hambres atrasadas para repartirse el Municipio”.

La ruptura

Durante la audiencia, Hallo calificó a los concejales como “cómplices de la impunidad” y sostuvo que presentar pruebas ante ellos era inútil, porque no actuaban como jueces imparciales ni tenían la autoridad moral para juzgar al alcalde, al no haber fiscalizado en su momento.

Hallo describió la sesión como un “teatro con el libreto ya escrito” y señaló que no se prestaría a validar con su presencia un proceso que, según afirmó, terminaría ratificando al alcalde o perpetuando las mismas prácticas en la nueva administración.

Se retiró de la audiencia, apostando por continuar mediante la Revocatoria de Mandato y, visiblemente molesto, declaró en rueda de prensa:

“A diferencia de aquellos que, entre gallos y medianoche… se presentaron extrañamente con una copia de mi denuncia; ¡yo no me prestaré para ser cómplice de la componenda entre concejales de ningún bando! Que sea la ciudadanía quien decida en las urnas.”

Aunque su retiro generó titulares que intentaban mostrarlo como resultado de una negociación con Yunda, Hallo subrayó que su decisión no fue una retirada ni un acuerdo, sino un rechazo a legitimar un proceso que consideraba viciado y un recordatorio de que la ciudadanía debía ejercer el control.

Este episodio reforzó su presencia en el debate público, no sin críticas, pero con coherencia.

Dos audiencias, dos tonos

Un elemento que evidenció la estrategia fue el contraste entre ambas audiencias.

En su intervención, Hallo cuestionó con dureza a los concejales, llegando incluso a calificarlos de sinvergüenzas. Horas después, en la segunda audiencia, las accionantes adoptaron un tono marcadamente distinto, elogiando al Concejo y destacando la labor de las concejalas presentes.

Esa misma denuncia, que en horas de la mañana la bancada de la Revolución Ciudadana había dicho en TC Televisión que votaría en contra, terminó consiguiendo los votos, lo que Hallo señaló como confirmación de sus sospechas de una estrategia previamente coordinada dentro del Concejo para repartirse el Municipio tras la salida de Yunda.

La respuesta a la opinión pública

Hallo quedó en el centro de la crítica. En redes sociales circularon versiones que insinuaban acuerdos con Yunda para su decisión y frente a eso respondió con dureza:

“No permitiré que analistas de cafetería, que jamás se mojaron el poncho, ni construyeron un solo voto propio, creyéndose salvadores de Quito escondidos tras un teclado, pretendan dañar mi imagen y el respeto que he ganado a pulso en años de carrera política”.

También recordó que invitó a críticos, analistas, exalcaldes y excandidatos a sumarse al proceso ciudadano, en lugar de limitarse a emitir juicios desde redes sociales, sin embargo, "brillaron por su ausencia".

El desenlace

Irónicamente, tras la salida de Yunda, la administración del alcalde subrogante Santiago Guarderas también enfrentó escándalos por presuntos hechos de corrupción que involucraron precisamente a varios de los concejales que previamente habían cuestionado a Hallo.

En una entrevista posterior, lo resumió así: Cada pueblo tiene el gobierno que merece.

Para entonces, el pulso por el poder en Quito ya había dejado algo claro: no se trataba solo de quién salía del Municipio, sino de quién se quedaba con el control de lo que venía después.

Distinciones y reconocimientos



A lo largo de su trayectoria, Hallo también ha recibido reconocimientos en los ámbitos político, jurídico y social. Entre ellos destacan su designación como Delegado de Derechos Humanos para Ecuador, así como un Doctorado Honoris Causa en Ciencias Políticas.


En el plano internacional también fue distinguido con el reconocimiento “Verdad y Justicia”, otorgado por el Instituto de Prevención del Delito e Investigación Penitenciaria de la Ciudad de México. Y con el Premio Internacional de Liderazgo concedido por la Fundación HOY.

Su actividad privada

En el ámbito privado ejerce como consultor y negociador estratégico para compañías nacionales y extranjeras. Actualmente se desempeña como vicepresidente jurídico de una corporación privada.

Un actor incómodo para la política tradicional



Para Hallo, gran parte de la crisis política en Ecuador tiene su origen en el sistema electoral, donde el voto obligatorio y las maquinarias de campaña fomentan un sufragio poco reflexivo, que con frecuencia lleva a cargos públicos a personas sin representatividad.


Sobre este punto ha sido particularmente crítico. Hallo sostiene que el voto obligatorio otorga el mismo poder electoral a ciudadanos informados que a quienes acuden a las urnas únicamente por el certificado de votación, sin criterio ni conocimientos sobre economía, leyes o administración pública.

El voto obligatorio da el mismo poder a personas informadas que a personas completamente ignorantes, ha señalado, explicando que en países como Ecuador, estos últimos son mayoría y quienes terminan eligiendo a las autoridades del país.

A su juicio, esta dinámica explica por qué con frecuencia terminan imponiéndose candidatos que apelan más a la popularidad o al entretenimiento político que a la preparación o la capacidad de gestión, pues buena parte del electorado opta por quienes dicen lo que quieren oír antes que por quienes están mejor preparados para gobernar.

A esto se suma, lo que denomina el efecto arrastre: un mecanismo mediante el cual estructuras partidarias impulsan candidatos sin trayectoria ni representatividad propia.


Su propuesta de reforma se centra en tres medidas: voto facultativo, registro previo de electores y prohibición del financiamiento privado de campañas. Esta última, orientada a romper el círculo de dependencia entre candidatos y grupos económicos, en el que los aportes de campaña son compensados posteriormente con contratos públicos.

Proyección política

¿Logrará este capital político traducirse en una candidatura nacional? Aún no se sabe. Sin embargo, en un Ecuador habituado a que los outsiders pateen el tablero, su perfil encaja en un patrón que el sistema ya reconoce.

Marcelo Hallo es un personaje de contrastes: para unos, la voz que fractura la impunidad; para otros, un actor visceral que tensa el debate hasta el límite. En cualquier caso, su nombre ya ocupa un lugar en el tablero político.

Y en política, cuando una figura deja de ser circunstancial para volverse recurrente, ya no es un actor más: se convierte en el síntoma de un sistema agotado.

En plena crisis de representación, perfiles como el suyo no son azar, sino consecuencia. Surgen porque el desgaste institucional los hace posibles y porque una parte del país ha dejado de verlos como una anomalía para entenderlos como una opción.



Por: María Paz Freire

Para: Retratos del Poder, 2025